Según el psicoanálisis, desde la infancia, por lo que traemos al nacer y las vivencias con quienes nos criaron, cada uno de nosotros desarrolla un "clisé" o modelo específico para su vida amorosa.
Este "clisé" es la base de cómo nos relacionamos, qué esperamos y qué impulsos satisfacemos.
Ojo, no solo hablamos de amor de pareja, sino de toda relación afectiva (familiar, amistad, etc.)
Es como el lente con el cual observamos el mundo y cada lente es particular para cada quien. 
 
 
 
A esto lo llamamos Transferencia. Es el fenómeno de repetición, es normal que se vuelque hacia el terapeuta, a veces siguiendo modelos paternales, maternales o fraternales.
 
Pero aquí lo interesante... 
Si bien la transferencia es natural , en el análisis se convierte en la resistencia más fuerte al tratamiento.
¿A qué nos resistimos? A hacer consciente lo inconsciente; no queremos recordar.
 
La transferencia es una forma de recuerdo actuada. En lugar de contarlo o pensarlo, el paciente (tú) lo pone en acto en la relación con el analista. Por eso, cuando el trabajo analítico se acerca a un complejo doloroso, la transferencia emerge como resistencia, deteniendo el flujo de pensamientos. 
 
¿Y esto para qué sirve?
 
Entender la transferencia es crucial. El psicoanálisis no busca vencerla, sino analizarla. Es justo en ese "actuar" con el terapeuta donde tienes la oportunidad de:
  • Ver tu clisé en acción.
  • Dejar de repetir patrones ciegamente.
  • Hacer consciente lo inconsciente para, finalmente, ser más libre en tus elecciones.
Si quieres dejar de repetir la misma historia y empezar a escribir una nueva, la terapia psicoanalítica es el espacio para desentrañar tu transferencia.